Somos luz y oscuridad y mientras no lo reconozcamos cualquier trabajo de auto-realización que realicemos estará basado en el auto-engaño. Si bien es cierto, que para cualquier persona no es fácil reconocer estos atributos en uno mismo y tendemos a esconderlos debajo de la alfombra, para no enfrentarnos a lo que nos duele, a lo que nos atemoriza. Todos tenemos una esencia integrada en el corazón que nos lleva a amar y asentir nuestra condición de seres humanos, y esto conlleva también a la sombra, a aceptar todo lo que consideramos negativo.
La sombra está ahí y si no le prestamos la debida atención va a cobrar cada vez más fuerza. Esta parte de nuestro inconsciente va a hacer lo posible para que se la reconozca y nos vamos a encontrar manifestándola a través de conflictos con los demás, manifestaciones agresivas inesperadas, sentimientos de culpa, egoísmo, e incluso enfermedades físicas.
La sombra tiene una energía destructiva muy potente. Cuando tratamos de ignorarla, esta energía se hace más fuerte entrando en un ciclo de destrucción. Si este periodo se prolonga mucho en el tiempo produce alteraciones psíquicas, y lo que la psique no puede resolver, pasa al plano material o físico. Cuando la energía destructiva pasa ya al plano físico es más difícil solucionarlo. Si no reconocemos los hechos negativos con amor tanto del inconsciente colectivo como del personal, podemos acabar teniendo una patología física.
“la enfermedad es la ruptura entre el alma y la personalidad, entre lo que dicta nuestro corazón y lo que quiere nuestra mente. De este conflicto surge la enfermedad”.

