Una ruptura de pareja, un despido del trabajo, un cambio de país o hasta un ascenso, es un cambio que implica asentimiento a una nueva vida, un duelo por excelencia.
Los duelos reviven los duelos anteriores y hay que vivirlos, pues incluso tienen etapas claras, pero como proceso tiene un tiempo y al final que permite un nuevo comienzo que da paso a la esperanza, a un nuevo ciclo.
Estamos en una época para hacer balance, para mirar los logros y alcances de nuestro transitar, así como esos aspectos que nos conectaron, con dolor, rabia o tristeza y que también forman parte de nuestra vida.
Desde la mirada sistémica, vemos que son solo ciclos; ciclos que nos recuerdan el continuo movimiento de la vida, de la propia y del sistema, sea la familia, la pareja, el trabajo o la sociedad
El asentimiento a la vida, a sus procesos, son los que nos hacen sentir felices, como los nacimientos, cerrar ciclos es un renacer hacia la continuidad. Nos permite soltar con amor lo que la vida nos da. Por que para llenarnos de lo nuevo hay que vaciarnos de lo que ya no es.

